Como jugador mi paso por el baloncesto no fue fugaz ni mucho menos, en activo estuve desde los 8 años hasta los 24, pasando por todas las categorías inferiores del club desde alevines hasta cadete en la etapa escolar, y posteriormente en júnior y senior, además jugando también un año que aún recuerdo en Carrión, junto a una de las personas que mas me han marcado en mi vida Enrique “Kike, mi cuñado”.

Nunca destaque por ser un gran jugador, ni por ser el mejor en nada, era un cumplidor que se dejaba la piel cada vez que pisaba el campo, jugase más o jugase menos, además, era respetuoso con mis compañeros, y mis entrenadores y aunque me enfadaba por no jugar algunas veces, el día siguiente iba con mas ganas a entrenar, porque entendía que no dejaba de ser un deporte, y sobre todo porque lo importante era practicarlo y seguir mejorando día a día, no había expectativas mas grandes, divertirme, formarme como persona y conocer miles de gente.

He recorrido toda Castilla la Mancha, he jugado en todas la provincias, en la mayoría de municipios de Ciudad Real, y eso se guarda dentro, y cada vez que nos juntamos con los amigos del basket de toda la vida, recordamos batallitas y tenemos miles, porque han sido muchos años, por eso ahora pueden entender mejor porque esto es para mi una forma de vida, una palabra que nunca se me podrá olvidar.

Pasaban los años y me iba enganchando el baloncesto por la tele, veía partidos, incluso de la NBA, pero sobre todo me gustaba el Barça y la selección española, Los Epi, Norris, Solozabal, Jiménez, Costa, Sibilio, Villacampa, Montero, Margal, Arcega, eran mis primeras referencias en el baloncesto nacional.

Recuerdo de pequeño, de sentarme en el sofá a ver finales de copa de Europa entre el Barça y la Jugoplastica de Split, junto a mi padre, y empezar a vivir lo bonito de este deporte, porque aunque era por la tele, yo pensaba que algún día me podía tocar a mi.

El tiempo iba pasando y me iba haciendo algo más mayor, cuando tenía 16 años, me empezó a ilusionar la posibilidad de ser entrenador de baloncesto, sabía que las horas como jugador podían estar contadas, y porque no seguir adelante en el baloncesto de otra forma, y pensé, de entrenador.

Pedí una oportunidad como ayudante, ya que era menor, y no podía realizar ni cursos ni nada por aquellos entonces, y Eduardo Zurita, me la dio, eso para mi era algo grande, lo aceptaban. Empecé ayudando a Manuel Corral, a Javier Dónate, en el equipo alevín mixto de la categoría, ya por aquellos entonces, veía correr por las pistas a Tamara, una de las personas, que más me ha marcado como entrenador a lo largo de estos 17 años que llevo dirigiendo equipos de baloncesto.

Yo era un mero ayudante, estaba allí para explicarles cosas a los niños, para aclararles dudas sobre lo que explicaba el monitor, y sobre todo para divertirme, no cobraba nada, era un mero ayudante. Así pase dos años, recuerdo mi primer partido en viaje en el bus con los niños, iba acompañando a Manuel Corral, y jugábamos en Santa Cruz de Múdela, en un colegio de monjas, todo un recuerdo por las anécdotas que nos ocurrieron, el partido comenzó tarde, era pista al aire libre, había un árbol que una de sus ramas molestaba al tirar desde el lateral, y el partido se tenía que parar, cada vez que los niños salían de la catequesis, no recuerdo el resultado, pero recuerdo que fue mi primer partido como acompañante.

Pasaron dos años nada más hasta que de nuevo Eduardo, coordinador de la escuela de baloncesto, me llamó y ya tenía 18 años, quería que fuese responsable del equipo Alevín Femenino, que iba a comenzar ese año, me dijo textualmente “Ramón, creo que ya estas preparado para hacerlo tu solo”… Ufffff yo pensé, madre mía, me dan un equipo para que lo dirija, y además, me dijeron que me pagarían y todo, no se si eran 5000 pesetas al mes, pero eso me daba igual, pero entrenar yo solo, desarrollar, planificar, enseñar, era un reto, una responsabilidad, pero a la vez algo que me llenaba por dentro de corazón.

Empecé con un equipo alevín femenino, recuerdo algunas de esas jugadoras Gloria, Esther, Mari Paz, Laura, Lidia, Así, Pilar, Tamara, esta ultima empezaba su primer año a pesar de ser mas pequeñita, fue un año complicado, porque empezamos a competir en la liga provincial en la segunda fase, y ganamos pocos partidos, pero recuerdo que en el ultimo partido de liga, jugábamos con el que a la postre sería el campeón provincial de aquel año Carlos Eraña, y el padre de Mari Paz, Pedro Hernández, nos prometió que si ganábamos nos invitaba a todo el equipo a comer Pizzas, y bueno todos dijimos que si, pero sabíamos que era casi imposible, nosotros íbamos de las ultimas, ellas primeras, no había perdido ningún partido, pero aquello que nos dijo el padre nos marcó, y conseguimos ganar el partido, 13-28, todo un recital del equipo, que terminaba la temporada de forma excepcional, y sobre todo, con mucho aprendido y con mucho recorrido, lo peor es que la mayoría de las jugadores, pasarían a la edad infantil, y no volverían a competir en alevines. La historia continuará, pero que recuerdo de esos primeros años, parece que fue ayer, ahora las veo a la mayoría de ellas, de las que aún guardo buena relación, estan casadas, algunas hasta tienen hijos, sus hijos juegan a baloncesto, el ciclo de la vida que dicen los modernos, que orgulloso me siento.