Si de algo me siento muy orgulloso, es de tener un padre como el que tengo, escribir algo de él sería subjetivo, pero tenerlo siempre contigo en el baloncesto para mi es una satisfacción y motivo de orgullo

De pequeño me llevaba al pabellón de la mano, ahora soy yo el que lo llevo con mi coche a todas partes, me acompañaba de niño, de mayor, de entrenador, de presidente, a las galas que voy, a partidos amistosos, a partidos de otros equipos, le hice ver que esto era mi pasión, y el a pesar de no ser su deporte favorito, siempre me apoyó.

Ahora que ya me hago mayor, y que mi hijo ya ha pisado una pista de baloncesto, me vienen esas imágenes a mi cabeza, y pienso que yo debo hacer lo mismo con el mío, como mi padre hizo conmigo.

Ya desde pequeño cuando jugábamos en las pistas de la piscina de Miguelturra, antes de hacer el pabellón, ahí lo tenías clavado viéndonos de entrenar, jugar partidos.

Cuando luego hicieron el pabellón lo mismo, iba a los estrenos, a los partidos, se venía a los pueblos siempre que podía, era mi apoyo, era nuestro animador, y era una persona que siempre se volcaba con nosotros.

Él quería que ganásemos siempre, pero eso nunca pasaba, era derrota, tras derrota, tristeza tras tristeza, y el me decía “Moncho, algún día ganareis, hijo mío tu no te preocupas no sufras”, y yo por aquel entonces, pensaba, algún día nos tocará, pero ese día no llegaba.

Era una mañana fría de invierno, ya en el pabellón municipal, jugábamos contra Torralba de Calatrava, y ese día sonó la flauta, por fin ganamos un partido “oficial”, mire a la grada, pero ese día no estaba mi padre…(Me saltaron unas lagrimas) Claro, tenía que contarle que habíamos ganado, y seguro que me no iba a creer, y mira por donde cuando estoy saliendo del pabellón llegó mi padre, y me dice “que hemos hecho, perder otra vez”, y le digo no, “hoy hemos ganado, además he metido canastas y todo”, nos mira a casi todos y dice una expresión que siempre la recordaremos “ah, es verdad, le habéis ganado a esos niños que les estaba poniendo una silla para subir al autobús porque no llegaban al primer escalón, bien podréis”, jeje… ahora nos reímos mucho, aquel día, no se que pensaríamos.

Luego como jugador, como entrenador, siempre ha venido conmigo, ha sido un forofo de los buenos, ha disfrutado, ha sufrido, y ha llorado junto a mi, recuerdo su abrazo en Albacete, en una fase final con mis niñas del Cátedra 70, donde nadie daba un duro por nosotros, y se nos ocurrió meternos en la final, ¡ufff… que emoción por eso me siento orgulloso de la primera vez fui “de la mano de mi padre al pabellón”.

Se me olvidó decir que el siempre ha sido y será “futbolero”, lo que mas merito le doy aún, porque le hice ver que el baloncesto para mi era un estilo de vida, y lo sigue siendo