Hablar del baloncesto para mi, era hablar de la VIDA, eso nunca lo pensé el primer día que pise una cancha, mejor dicho una pista, corría octubre del año 1988, apenas era un mico, y Piedra(Coordinadora de deportes), pasó por la clase de Don Víctor, y nos dijo que podíamos apuntarnos algún deporte, había fútbol, baloncesto, voley… Pero no se porque, aquel día yo dije, “Quiero jugar al baloncesto”, y ahí empezó todo…

Néstor, Miguel, Antonio, José Antonio, fueron algunos de los compañeros de clase que también se apuntaron. Nos tocaba los martes y los jueves, en las pistas del piscina municipal, allí pasábamos gran parte del tiempo, comencé a botar, a disfrutar de este deporte, mejor dicho, empecé Amar el baloncesto.

Mi primer entrenador Eduardo Zurita, antiguo concejal de deportes, y amigo personal. Recuerdo los balones amarillos Jonh Smith, los Naranjas Renault, y si tenías suerte pillabas un tricolor, que eso era el no va más. Allí no había distinción de categorías, no había canastas de mini, solo había una cosa BALONCESTO. Botar, botar, y botar hasta hartarte, y tirar a canasta sin control, pero con la felicidad de que alguna iba a entrar.

Recuerdo el frio que pasábamos en las pistas, teníamos que cambiarnos en los vestuarios del campo de fútbol, donde íbamos a por el material, y si Calendas no iba esa tarde, pues teníamos que cambiarnos en las propias pistas, apenas se veía, pero y que mas me daba eso, era el niño más feliz del mundo haciendo eso, y pasándolo en grande con amigos, y si metíamos alguna canasta eso era algo para celebrar, valorábamos mucho lo que hacíamos y nos sentíamos feliz por ello. Recuerdo que mi madre iba a llevarme y a recogerme, porque apenas había luz por las calles, era pequeño y me daba miedo caminar solo tan lejos como vivía, ya que estaba en mi casa nueva del terrero(Barrio de Miguelturra), y esto era la otra punta del pueblo. Pues poco duró aquello, al año siguiente gracias a dios, el patronato municipal de deportes de Miguelturra, inauguraba el primer pabellón polideportivo, eso si que era el no va más, un pabellón, jugar a lo que mas te gusta, y hacerlo sin lluvia, sin frío, esa sensación nunca se olvida, y la verdad que era algo muy especial para todos nosotros, porque ver como bajaban las canastas desde el techo, para nosotros era como los pabellones de la tele, nunca lo habíamos visto, era diferente.

Me empezó a enganchar tanto este deporte era una cosa exagerada, hasta el día de hoy, y aunque con tristezas y alegrías, a mi me ha dado la vida sin duda alguna, y sobre todo mis mejores amigos