Los árbitros influyen en los resultados, este es el comienzo de una frase que utilizo habitualmente y que llegado a ese punto, ya me habría valido amargas quejas y habría sido interrumpido intentando rebatir la opinión. Lo que sucede es que ése es sólo el principio de la frase, y que, además, no es parte de ninguna frase despectiva o contra el colectivo arbitral, sino más bien todo lo contrario. La termino: “,… del mismo modo, o incluso menos de lo que influyen los jugadores con sus errores, tiros fallados, etc., o los entrenadores con sus decisiones erróneas”

Efectivamente, muchas veces los técnicos, jugadores, directivos o aficionados nos cegamos y culpamos a los árbitros de esa derrota que creemos injusta y que achacamos a esas dos decisiones equivocadas del árbitro de turno. Sin embargo no nos paramos a pensar en esos tiros libres, o en esa bandejita que alguno de nuestros/as jugadores/as falló incomprensiblemente en cualquier momento del partido. O quizás no hemos notado esos minutos en que nuestro técnico ha aguantado esa defensa que los rivales estaban destrozando, o esetiempo muerto que no pidió en su momento o que pidió a destiempo …

¿Dónde quiero llegar? Muy fácil: los árbitros somos humanos, al igual que los jugadores, jugadoras o técnicos, y por tanto están sujetos a cometer errores como cualquier hijo de vecino. Es más, las cosas se complican cuando uno esárbitro. Prescindiendo del tópico tan repetido de “tener que decidir en décimas de segundo cuando tras ver siete repeticiones no nos ponemos de acuerdo”, fijémonos en un detalle que hacía notar un conocido árbitro: Un jugador con un 50% de aciertos en el tiro se considera que ha hecho un buen porcentaje. Imaginemos que le diríamos a un árbitro que fallase en la mitad de sus decisiones. ¡Mejor no pensarlo!

En resumidas cuentas, tenemos que aprender a valorar en su justa medida la difícil labor del árbitro, y a formar como una parte más de este juego. Tenemos que aprender  a vivir con sus errores, igual que vivimos con los nuestros. Pero, ojo, también nosotros el  colectivo arbitral debemos poner de nuestra parte y no aislarnos nosotros mismos considerándonos un mundo aparte. Debe existir una mayor naturalidad en la relación con jugadores y técnicos, tanto dentro como fuera de las canchas. Debe existir un mayor contacto entre todos los que componemos la familia del baloncesto, independientemente de que en algunos momentos, y con las pulsaciones a doscientos por hora, podamos discutir con mayor o menor intensidad. Eso también es parte del juego. Pero cuando el partido acaba todo debe acabar ahí, y volver a la naturalidad.

Autor:

Victor Felix Conde